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La respuesta está en Dios
ESPERO… Y conjugo en todas sus formas el verbo. “Esperar”. Que viene de esperanza. Porque esperamos siempre. Cada día uno tras otro. Minuto a minuto incluso. De esperar pende nuestro futuro. Es verbo de porvenir. De mañana. O de dentro de un rato. Esperamos aquello que deseamos. Deseamos aquello que nos espera. Siempre y cuando sea bueno, claro, o que así nos lo parezca. Indomables exigentes. No quiero equivocar mi esperanza, por eso lo hago en sintonía con Dios. O lo intento. Porque la espera cuando es ilusionada comporta motivación, ánimo, estímulo… Y la esperanza, optimismo. Espero en Él. Que no sé yo lo que me conviene, pero Él sí. Espero en su magnanimidad. Para que me abra los brazos cuando yo ya no esté por aquí. Espero, ahora y en este tiempo, que me haga entender lo que desea de mi. En el fondo, para no tener que decidirlo yo, que no sé hacerlo. Espero que al abrir los ojos, mañana por la mañana, mi mujer esté a mi lado, con sus achaques. Y yo con los míos. ¿Qué le vamos a hacer? Lo importante es que esté. Espero que la enfermedad no visite a los míos. Espero que sirvan aun mucho tiempo más a Dios y al prójimo a los que dedican su vida. Espero cosas sencillas: el café de las ocho, la hogaza de pan del desayuno con aceite de oliva, el queso o el jamón... Pequeños -y permitidos- placeres de cada día. Espero los gritos de los niños al entrar en la escuela vecina, sinónimo de alegría y futuro, aunque a veces no me dejen pensar. Espero la lluvia que lava, el sol que calienta, el viento que refresca, la simiente que brota. Fugaces testimonios del Eterno. Espero la ausencia de sufrimiento moral (que es el peor). Que del otro va a haber sin duda. Espero la normalidad. A mi edad diría que incluso la rutina. La paz en suma. Espero “tan alta vida”, como decía Santa Teresa, (aunque pueda sonar a presunción), que nadie conseguirá arrebatarme la esperanza… Espero en la esperanza. De que por fin el género humano asegure la vida a los glaciares y las especies. Espero, y confío, en que estemos aun a tiempo de revertir el declive de nuestra sociedad… y de la Tierra tal como aun la conocemos. Espero que la humanidad, al fin y de una vez por todas, aprenda de lo que le toca vivir y viva de lo aprendido. Espero, y creo, en el pequeño milagro de cada día, aquel que me trae los aromas de Dios. Y que pueda seguir teniendo la sensibilidad suficiente como para saber percibir ese aroma en mi vida y en la de los demás. Espero que no se atrofien mis capacidades emocionales, que las de los sentidos, en mi vejez, ya os podéis imaginar como están. Espero… y poco más. Como decía Angeles Caso: "Necesito poco, y lo poco que necesito, lo necesito poco" Espero, en definitiva, que nadie ni nada maltrate mi confianza en el futuro, ni mi esperanza en la humanidad y en la acción plenipotenciaria de Dios en el mundo. Y espero… y seguiré esperando… y esperaré siempre. _________________ 14 de diciembre del 2020