La respuesta está en Dios
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¿Dónde se encuentra la verdadera felicidad?
Constatamos a diario que la vida no es un lecho de rosas. No podemos comprar con dinero ni la salud, ni el amor verdadero, ni la ausencia de dificultades... y vivir como si éstas no existieran no tiene sentido: llegarán igual. La única postura realista es aceptar lo que venga... aunque no nos guste lo que llegue. "El secreto de la vida y de la felicidad no consiste en hacer aquello que se quiere, sino en querer aquello que se hace". (Padres del desierto. Citado por J. M. Alimbau en "Palabras para momentos difíciles") Y "gustar" de las muchas cosas buenas que la vida tiene y a las que no prestamos atención, inmersos en una carrera a veces desenfrenada hacia el goce efímero. "Yo creo que la vida es fascinante. Se trata de no querer exprimir demasiado las cosas, de disfrutarlas según vienen. Mire, ¿nota usted esta brisa tan buena que ahora nos llega? Hummm. Ha sido fugaz. Bueno, pero ya vendrá otra cosa..." "(la paz puede perderse aquí en el monasterio) ...igual que fuera, si uno quiere demasiado de una determinada cosa. Si en vez de escribir un libro yo quisiera escribir cuatro, perdería la paz... " "Si tengo un sufrimiento, lo acepto como expiación enviada por el Señor, así que nada me produce un desaliento duradero. La fe es una terapia...". (Agustí Altisent, monje cisterciense. De dos entrevistas publicadas en "La Vanguardia". Victor-M. Amela y José A. Marina, los periodistas) Y si no, haceros este auto-test: Intentad recordar alguna "sensación" que os haya proporcionado felicidad, algo que os hiciera dichosos en el momento en que lo vivisteis pero en el orden de los sentidos... No podréis volver a revivirlo. No conseguiréis "sentir" de nuevo aquella sensación placentera. Sólo recordaréis haberlo pasado bien, incluso muy bien, pero no volveréis a vivir aquella "seudo-felicidad". Ahora, pensad en alguna "emoción" que os hiciera dichosos. En algún momento emotivo, en algún hecho de los que se sienten en el corazón, en algo que os emocionara haciéndoos felices. Ahí no intervinieron los sentidos, sólo vuestra "fibra sensible", sólo el alma... Seguro que podéis volver a emocionaros. Seguro que, de nuevo, sois capaces de conmoveros, y, con ello, volver a vivir aquel sentimiento que os dio felicidad. Una felicidad que, como ahora estáis comprobando, se grabó en vuestro espíritu para siempre. Algo que, por más tiempo que pase, vuelve a "llenaros" por completo. Seguramente, esos momentos de felicidad real están unidos a ocasiones en las que estuvo presente el amor, el amor verdadero, momentos de intercambio espiritual, de corazón a corazón: un encuentro emotivo, una mirada agradecida, una palabra de cariño,... "No pidáis a Dios que os haga felices, pedidle que os haga útiles, y realmente lo pienso, la felicidad entonces os vendrá por añadidura". (Maurice Mitchell. Sacerdote. Citado en "Roverismo hacia el éxito", de Lord Baden-Powell de Gilwell) "No dejéis a nadie venir a vosotros y marchar sin que sea más feliz". (Madre Teresa de Calcuta, monja, fundadora de las Misioneras de la Caridad) ...quizás un testimonio de alguien que os emocionó, quizás una música que os hizo vibrar el alma, quizás un momento de contemplación de la naturaleza... "Si le dieses gracias a Dios por todas las alegrías que Él te da, ya no te quedaría tiempo para quejarte". (Maestro Eckhart, monje dominico, siglos XIII y XIV) Se trata, en definitiva de entender que no hemos venido al mundo a pasarlo bien en el orden de los sentidos. ¡Triste leitmotiv de la Creación sería ese! Y de comprender que nuestra óptica no es la de Dios, porque Él no quiere para nosotros la felicidad efímera, sino la que dura, la que queda grabada en nuestra alma... "Yo había pedido a Dios la fuerza para alcanzar el éxito, pero Él me hizo débil para que aprenda a obedecer;  la salud para hacer grandes cosas, pero me dio la enfermedad para que pueda hacer cosas mejores; la riqueza para poder ser feliz, pero me ha dado la pobreza para que pueda ser compasivo; el poder para ser apreciado, pero me dio la debilidad para que experimente la necesidad de El; un compañero para no vivir solo, pero me dio un corazón para que pudiera amar a todos mis hermanos; tener cosas que alegraran mi vida, pero de Él he recibido la vida para que pueda gozar de todas las cosas. Yo no he recibido nada de lo que había pedido, pero he alcanzado todo cuanto había esperado; soy entre todos los hombres el más ricamente colmado". (Autor anónimo. Recogido por Juan Marqués Suriñach, en "El valor de los defectos ajenos")  ¿Te das cuenta? Pon del revés tu escala de prioridades-, tus valores de vida, y encontrarás otro estilo existencial, derivado del amor al prójimo como única moneda de cambio y como cúspide de esa escala. Un estilo de vida que cambiará tu realidad de hoy para darte la verdadera felicidad. He visto a muchos pobres felices... he visto a muchos ricos desgraciados. He visto a quien no tiene nada no necesitar nada para ser feliz. He visto a quien tiene mucho gastar la vida en conseguir más (poder... dinero...) sin lograr por ello la felicidad. En resumen, cambia de actitud: ¡vive de la esperanza! Piensa que todo tiene una parte positiva, que Dios nos trabaja para que volvamos a Él siendo mejores, nos modela como un escultor al barro, que nada se pierde, que nada es en balde. "Frente a las dificultades de la vida, pruebas, sufrimientos, enfermedad, muerte... tienes derecho a llorar. Pero, aun en pleno llanto, no tienes nunca el derecho de divorciarte de la alegría, de la esperanza". (Michael Quoist, sacerdote y escritor. Citado por J. M. Alimbau en "Palabras para la alegría") Te dirás: ¿Y por qué tengo que creer todo eso?. Te digo, o, mejor dicho, te dice Ortega y Gasset que porque… "Si Dios se ha hecho hombre, ser hombre es la cosa mas grande que se puede ser".  (José Ortega y Gasset, filósofo. Citado por José Luis Martín Descalzo en "Vida y misterio de Jesús de Nazaret").