La respuesta está en Dios
Testimonios

Didier Decoin:

“Iba a escribir un libro definitivo

en el cual diría, irrefutablemente,

porque Dios no existe.”

Otro caso, que podríamos adjetivar de “espectacular” y parecido en sus efectos al de André Frossard (testimonio número uno de esta web), es el que hace referencia a Didier Decoin, escritor francés ganador del Premio Goncourt en 1977. Prolífico autor de novelas y de ensayos, encuentra en el cine y la televisión sus medios preferidos como guionista. Su vivencia espiritual, su experiencia de Dios, resulta igual de extraordinaria -quizás incluso más según se mire- que la de Frossard. La contaba así en la revista francesa “Panorama” hace ya algunos años: “Era un día de septiembre. Yo me encontraba en un estado psíquico neutro, sin alegría ni angustia. Mi vida se desarrollaba entonces en una indiferencia completa hacia las cosas de la fe. El evangelio era para mi una bella historia, pero nada más, (...) quería masticar la vida con todos los dientes. No tenía, por tanto, ninguna razón, en esta época, para hacerme preguntas metafísicas sobre la otra vida y sobre la existencia de Dios. No era ni amigo ni enemigo de la fe: me reía, realmente, de este tipo de preguntas. No estaba inmerso en un piadoso tratado de espiritualidad, estaba ¡lavándome los dientes! De repente, tuve la certeza absoluta de la no-existencia de Dios. En un instante, había adquirido la convicción de que la fe no era otra cosa que una ilusión, una farsa, un mito, y de que iba a poder escribir un libro grandioso y definitivo en el cual diría, irrefutablemente, porque Dios no existe. Como muchos escritores tengo una pequeña libreta de la que no me separo nunca, en la cual anoto las intuiciones que me pasan por la cabeza y de la cual me nutro cuando me pongo a escribir. Atravesé la habitación para coger la libreta -que se encontraba encima de la mesita de noche- y cuando llegué a mi cama fui proyectado al suelo, mis piernas habían desaparecido. Lo que me pasó fue de una violencia inusitada. Si hace falta una imagen para intentar expresar lo que yo sentí entonces pondría la del vaso. El mío había  estado lleno de agua corrompida y había sido bruscamente vaciado para hacer sitio a una agua viva y pura. Me sentí bruscamente, totalmente, invadido por una presencia, una fuerza, un calor. Era, de golpe, total y definitivamente creyente: Dios estaba allí y me era totalmente imposible resistirle”. (Didier Decoin. Publicado en la revista francesa “Panorama”) De golpe... creyente. Lo extraordinario de esta experiencia, lo que a mi personalmente me cautiva, es el momento en que sucede el hecho: Dios se manifiesta a Decoin justo cuando éste va a tomar los primeros apuntes para un libro en el que piensa demostrar su “irrefutable” no-existencia. Hay varios paralelismos entre este caso y el de André Frossard. Este último cuenta la experiencia como si Dios “explotara” ante él, tal es la magnificencia de los sentimientos y emociones que experimenta. En el caso de Didier Decoin, se trata de una especie de “invasión”. En ambos casos los dos hablan de una cierta “violencia”, entendida ésta como que Dios no se anda por las ramas y que se hace patente en ellos de forma abrumadora. En ambos casos la manifestación de Dios se produce “de golpe” inusitada y sorpresivamente. En cualquier caso, extraordinario Dios éste, que a veces hace los mejores regalos a quien menos se podría esperar (según nuestro pobre razonamiento humano, claro).
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