La respuesta está en Dios
Noticias de Dios
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«Cuando Dios borra… es que va a escribir algo» (J. B. Bossuet)
¿Los cristianos estamos todos locos? Si no... ¿cómo puede afirmarse lo que expresa este testimonio de la Madre Teresa de Calcuta en estos fragmentos de dos cartas a Jacqueline de Decker, su amiga y colaboradora?: “¿Cómo estás? ¿Aún te tiendes sobre tu espalda? ¿Cuánto tiempo tendrás que seguir así? Como te debe de amar el Señor para darte tanta porción de Su sufrimiento. Debes ser feliz, porque eres Su elegida.” “Siento escucharte que el ruido en tu oído aún persiste y te mantiene despierta toda la noche, y que los calmantes no te alivian. Así es como el Señor trata a sus amigos. Siento que la operación de tus dientes y mandíbula no haya tenido éxito y que te hayas tenido que operar de nuevo... Pediré al Señor que no colme sus regalos en tan rápida sucesión, ya que necesitas un descanso”. (De: “La Madre Teresa. Mi vida con los pobres” de Navin Chawla)  Impactante testimonio que nos deja al borde del escalofrío pero que está lleno de esperanza, de confianza, de fe. No. No somos masoquistas. No nos gusta el dolor, ni disfrutamos con él. Pero cuando el sufrimiento se hace patente en nuestra vida, en cualquier persona del singular o del plural (yo, tu, él, nosotros, vosotros, ellos), sabemos qué hacer, como encararlo, y que nos ofrece una gran oportunidad: la de mejorar como personas, la de reciclar ese dolor y convertirlo en algo positivo, la de pensar menos en nosotros mismos y en nuestra vida material y, en consecuencia, la de alterar nuestra escala de valores, muchas veces ocupada y en lugar demasiado preeminente por actividades o conceptos, que no valores, que llenan ese sitio en la vida de muchas personas más allá de lo razonable: el trabajo cuando su desmesura no es necesaria, la diversión, (o ciertas “aficiones”), cuando invaden todas las horas libres de nuestra agenda, el placer cuando se convierte en leitmotiv, el poder cuando se torna obsesión enfermiza de mayor representatividad e influencia,... El “contratiempo” de la adversidad nos puede ayudar a colocar las cosas en su sitio y a sustituir esos hábitos desmesurados por Dios y, por lo tanto, por nuestro prójimo. Y, también, por una vida más espiritual y reflexiva, más dedicada a lo único que nos debería de importar y vale la pena: Dios y la vida eterna. Jesucristo, en el Evangelio según San Mateo (6,21), dice que “donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón”. Es decir: lo que tu tengas situado en el frontispicio de tu vida, lo que consideres como prioritario en ella será, inevitablemente, aquello a lo que dediques más energías, más tiempo, y en lo que tendrás más ocupada tu mente. Y si ello no te hace mejor, estás a tiempo de resituarlo, de “redimensionarlo”. Si un día el dolor llega a mi vida, en un primer momento me llenaré de miedo, tristeza y angustia, seguro, pero intentaré no desesperarme nunca, porque no sirve de nada. Es la menos razonable de las posturas. No sólo porque ante mi voy a tener (también aquellos que configuren mi “entorno”) la enorme oportunidad de ser mejor persona espiritual y humanamente hablando, sino porque me produciría muy malos réditos: el sufrimiento seguirá ahí, no va a desaparecer y, encima, añadiría otro dolor más, éste moral, al que de por si me va a tocar vivir. Porque hay una diferencia notable entre el “sufrir” y el “saber sufrir”. El primero, solo, no sirve para nada, es abyecto, lo segundo es un tesoro. Nino Salvaneschi, periodista y escritor, lo describía así: “Sufrir es bajar a la mina. Saber sufrir es arrancar a la mina una piedra preciosa”. (Citado en “¡Ven! Cuaresma y Pascua 1994”, de Rafael Prieto Ramiro) Y, además, es una cuestión de perspectiva. En el lado de aquí de la vida el sufrimiento lo recibimos y lo vivimos de una determinada forma, cada cual según su temperamento, creencias y mentalidad, pero en la otra vida, en otro estado y en otra dimensión tan distintos, su evaluación, su significación, será muy diferente... Reflexionemos lo que dijo al respecto Edith Stein (la hoy Santa Teresa Benedicta de la Cruz, monja carmelita y martir en Auschwitz): “Estamos en la tierra para vivir, y hay que acoger con agradecimiento todo lo bello que nos ofrece la existencia. Sencillamente, es preciso no ceder a la desesperación cuando las cosas se presentan de manera diferente de como las habíamos imaginado. Hay que pensar en lo que queda, pues, a fin de cuentas, estamos aquí sólo de visita y todo lo que hoy experimentamos con tanto dolor se revelará al final como una realidad mucho menos importante de lo que se había creído, o bien habrá tenido una significación muy distinta de la que hoy percibimos nosotros”. (De “Edith Stein, filósofa crucificada”, de Joachim Bouflet) En resumen, si un día Dios decide altera nuestra vida mediante el contratiempo aparente del sufrimiento, recordemos y tengamos muy presentes estas inspiradas palabras de Jacques Bénigne Bossuet, sacerdote y predicador francés: “Cuando Dios borra es que va a escribir algo”.  (Citado por Bernard Bro, en “¿Pero qué diablos hacia Dios antes de la creación?”)